Verano y dengue: cuando el clima acelera una amenaza silenciosa

Las lluvias intensas y el aumento sostenido de temperaturas modifican la dinámica del zancudo transmisor del dengue. En febrero, con regiones como Piura afectadas por inundaciones, el riesgo epidemiológico se incrementa. 

El verano en nuestro país ya no solo representa una temporada de altas temperaturas. En los últimos años, se ha consolidado como un periodo crítico para la expansión de enfermedades transmitidas por vectores, especialmente el dengue. El aumento del calor y la acumulación de agua producto de lluvias intensas crean las condiciones ideales para la proliferación del zancudo Aedes aegypti, transmisor del virus. 

 

Hacia finales de febrero, el escenario se va tornando particularmente complejo. Las precipitaciones registradas en distintas regiones del norte y sur del país, con localidades inundadas y desbordes de ríos, no solo generan daños en infraestructura y pérdidas económicas, sino que también favorecen la formación de criaderos en espacios urbanos y periferias. 

 

Lluvias, calor y aceleración del ciclo del mosquito 

De acuerdo con información de la Plataforma del Estado Peruano, las altas temperaturas no solo incrementan la presencia de criaderos, sino que también reducen de manera significativa el tiempo que tarda el mosquito en completar su ciclo de vida. En condiciones habituales, este proceso puede extenderse entre casi dos semanas; sin embargo, ante altas temperaturas puede acortarse a cinco días, lo que acelera la multiplicación de larvas en recipientes con agua almacenada. 

Este acortamiento del ciclo biológico implica que, en contextos de calor intenso y lluvias persistentes, la densidad del vector puede incrementarse en menos tiempo, elevando la probabilidad de transmisión del virus en comunidades en donde suelen tener depósitos de agua expuestos sin tapas, floreros, baldes, llantas o cualquier objeto capaz de retener líquidos. 

En paralelo, hacia fines de enero el Ejecutivo declaró estado de emergencia en 134 distritos de regiones como Áncash, Ica, La Libertad, Lambayeque, Lima, Moquegua, Piura y Tumbes ante el peligro inminente por intensas precipitaciones pluviales. Este escenario climático —que en ciudades como Piura ha dejado inundaciones en distritos costeros y en Arequipa ha activado torrenteras—, incrementa la exposición a criaderos. 

 

Expansión geográfica del vector 

El impacto del cambio en las condiciones climáticas no se limita a la intensidad de transmisión, sino también a la expansión territorial del mosquito. Desde el Instituto Nacional de Salud (INS) se ha advertido que el aumento de la temperatura y la humedad han favorecido la dispersión geográfica del vector.  

La bióloga del INS, Miriam Palomino, detalló que en 2015 se identificaban principalmente dos grandes áreas endémicas: la costa norte y la Amazonía peruana. Sin embargo, en los últimos cinco años el zancudo ha ampliado su presencia hacia el sur del país, alcanzando incluso la región Tacna.  

Esta expansión territorial implica que zonas que históricamente no enfrentaban transmisión sostenida ahora deben fortalecer su vigilancia entomológica (monitoreo del comportamiento de vectores), su capacidad diagnóstica y sus estrategias de control vectorial. 

 

Un inicio de año con señales de alerta 

Tras los picos históricos de 2023 y 2024, el 2025 cerró con más de 39 mil casos y 56 fallecidos por dengue a nivel nacional. La tasa de incidencia alcanzó 114, 75 casos por cada 100, 000 habitantes, superando el promedio nacional en regiones amazónicas y del norte.  

Para el inicio de 2026, el Ministerio de Salud (MINSA) proyecta alcanzar los 35 mil casos hasta marzo en al menos 20 regiones del país, con mayor riesgo en San Martín, Loreto y Piura.  

 

Respuesta del Estado 

Frente a este panorama, el Minsa aprobó el Plan Nacional de Prevención y Control del Dengue 2026, con un presupuesto inicial superior a los S/86 millones. El documento prioriza el fortalecimiento de la vigilancia epidemiológica, la investigación de brotes, la atención integral del paciente y la reducción sostenida del riesgo de transmisión en zonas con presencia del vector. 

Además, hace algunas semanas se ha iniciado la aplicación de la vacuna tetravalente contra el dengue en regiones priorizadas como Tumbes, Piura, Loreto y Ucayali, ampliando el grupo objetivo hasta los 20 años en determinadas jurisdicciones. 

En el ámbito técnico, el despliegue de equipos especializados busca reforzar el control vectorial, la supervisión de criaderos, la notificación obligatoria de casos y la gestión de camas ante un eventual incremento de hospitalizaciones. 

 

La emergencia exige corresponsabilidad 

El contexto climático de este verano adquiere una dimensión aún más alarmante con la reciente confirmación de que el fenómeno de El Niño Costero se encuentra en su fase inicial y ya está intensificando las lluvias en diversas regiones del país, según reportó el Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología del Perú. Este calentamiento del mar frente a las costas ha elevado las temperaturas superficiales hasta entre 28°C y 29°C en sectores como Tumbes, Piura y Lambayeque, condiciones que son consistentes con el inicio de El Niño Costero y que favorecen la inestabilidad atmosférica y precipitaciones más frecuentes e intensas. 

Especialistas han observado que estos patrones climáticos ya han generado activación de quebradas y lluvias localizadas —incluso superando promedios históricos en algunas zonas— y advirtieron que las condiciones podrían persistir y profundizarse hacia marzo, mes tradicionalmente más lluvioso. Esta evolución climática no solo afecta la infraestructura y los medios de vida, sino que también crea ambientes propicios para que el mosquito transmisor del dengue complete ciclos biológicos más rápidos y aumente su presencia en áreas urbanas y rurales. 

Ante esta situación, la respuesta sanitaria debe ir más allá de la vigilancia de casos y centrarse en una estrategia integral que combine el control vectorial, la eliminación de criaderos, la vacunación focalizada, la vigilancia epidemiológica reforzada y campañas de educación comunitaria. La corresponsabilidad debe articular acciones del gobierno nacional, gobiernos regionales, municipalidades, sector Salud, entidades educativas y la propia ciudadanía, quienes tienen un papel activo en la adopción de medidas preventivas en sus viviendas y comunidades. 

Solo con un enfoque coordinado, basado en evidencia y con capacidad de respuesta territorial, será posible disminuir el impacto epidemiológico que el dengue y otras enfermedades transmitidas por vectores pueden generar durante los próximos meses.  

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