
Depresión en el Perú: una emergencia silenciosa que desafía al sistema público de salud
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El 2025 deja un balance complejo para el sistema público de salud. Si bien existen avances, también se suman desafíos estructurales que requieren decisiones urgentes para garantizar una atención oportuna, equitativa y de calidad para toda la población.
En las últimas décadas, el Perú ha registrado progresos importantes en la salud de la población. Según el informe Estudios de la OCDE sobre los Sistemas de Salud: Perú 2025, la esperanza de vida se incrementó en cerca de 13 años desde 1980, alcanzando los 72,4 años en 2022. De igual manera, la mortalidad infantil y materna se redujo de forma sostenida, reflejando el impacto positivo de políticas públicas orientadas al aseguramiento y la atención materno-infantil.
Uno de los hitos más relevantes ha sido la expansión de la cobertura sanitaria. Tras la implementación de la Ley Marco de Aseguramientos Universal en Salud, el país pasó de cubrir al 61% de su población en 2009 a alcanzar el 97% en 2023, con el Seguro Integral de Salud (SIS) como instrumento clave para proteger a los sectores más vulnerables, de acuerdo con la OCDE.
Estos avances constituyen una base sólida que, sin embargo, requiere ser consolidada y fortalecida para evitar retrocesos.
Retos prioritarios hacia la agenda 2026
Para el exministro de Salud Víctor Zamora, el contexto actual exige mirar con realismo los desafíos pendientes. En declaraciones recientes a la Revista Stakeholders, sostuvo que el país aún debe cerrar brechas históricas en salud pública. “En pleno siglo XXI, seguimos luchando contra enfermedades que deberían estar controladas”, señaló, refiriéndose a problemas como la anemia infantil, la tuberculosis y el acceso irregular a medicamentos esenciales.
Zamora también subrayó la importancia de proteger los logros alcanzados. “La reducción de la desnutrición infantil es un avance notable que hoy muestra signos de retroceso. Es urgente consolidar este logro, recuperar las coberturas de vacunación”, afirmó.
A ello se suma una agenda sanitaria en transformación, marcada por el crecimiento sostenido de las enfermedades no transmisibles. “Las enfermedades no transmisibles –obesidad, diabetes, hipertensión, cáncer- avanzan como una ola silenciosa que ya desborda los servicios”, advirtió. Finalmente, remarcó la necesidad de fortalecer la preparación ante emergencias sanitarias: “No podemos seguir improvisando ante cada crisis”, tal como sucedió con la pandemia o las pasadas epidemias por dengue en nuestro país.
Financiamiento en salud: una oportunidad para mejorar eficiencia
El debate presupuestal fue otro de los ejes del 2025. De acuerdo con una publicación del diario Gestión, el Perú destina el 6,2% de su Producto Bruto Interno a salud, una cifra inferior a la de varios países de la región y al promedio de la OCDE.
Si bien el presupuesto del sector alcanzó los S/33,587 millones y el gasto ejecutado creció de forma significativa en la última década, los especialistas coinciden en que el desafío no es solo asignar más recursos, sino utilizarlos de manera estratégica. Actualmente, más del 50% del presupuesto se concentra en el pago de planillas y obligaciones sociales, lo que limita la inversión en infraestructura, equipamiento y fortalecimiento de servicios.
Este escenario abre una oportunidad para revisar los mecanismos de asignación del gasto y orientarlos de forma más decidida hacia resultados en salud.
Reforzar el primer nivel de atención
La necesidad de fortalecer la atención primaria se mantiene como una prioridad. Según Videnza Instituto, a la fecha más de la mitad de los establecimientos de salud no opera 12 horas al día y solo el 43% de la demanda ambulatoria es atendida.
Mejorar esta capacidad permitiría prevenir enfermedades, reducir hospitalizaciones y responder de manera más eficiente ante brotes epidémicos.
Asimismo, la disponibilidad limitada de camas hospitalarias y UCI refuerza la urgencia de invertir en una red de servicios más equilibrada y resolutiva.
Gobernanza e integración como claves del cambio
Los estudios de la OCDE coinciden en que la fragmentación del sistema –entre EsSalud, el SIS y otras redes- sigue generando ineficiencias y desigualdades en el acceso. Avanzar hacia una mayor integración, mejorar la interoperabilidad de los sistemas de información y fortalecer la gobernanza de la calidad son pasos necesarios para aprovechar mejor los recursos disponibles.
El cierre del 2025 invita a una reflexión constructiva. El Perú cuenta con avances relevantes, experiencia acumulada y diagnósticos claros sobre las principales brechas en salud. De cara al 2026, el desafío para las nuevas autoridades será traducir estos aprendizajes en decisiones oportunas que fortalezcan la atención primaria, integren el sistema y prioricen la prevención. Necesitamos construir un sistema de salud más resiliente, eficiente y, principalmente, centrado en las personas.

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