Déficit de personal de salud: la brecha que alarga las esperas y pone en riesgo la continuidad de la atención

La falta de médicos y especialistas en el sistema público no solo limita el acceso oportuno, también afecta el seguimiento de pacientes y la continuidad de los tratamientos. En medio del proceso electoral, el déficit de personal de salud vuelve a evidenciarse como uno de los problemas estructurales que los candidatos presidenciales deberán atender con propuestas concretas. 

La escasez de personal de salud continúa siendo uno de los principales obstáculos para garantizar una atención oportuna y de calidad en el Perú. No se trata únicamente de una cifra en los informes técnicos: la falta de médicos, enfermeras y especialistas se traduce en largas esperas, consultas postergadas y tratamientos que no logran completarse. 

El informe IPAE Mide 2025, elaborado por APOYO Consultoría e Ipsos Perú, advierte que el país enfrenta un desafío crítico en la disponibilidad de recursos humanos en salud. El indicador de médicos en el sector público por cada 10, 000 habitantes mostró una caída en su dinamismo durante el último año, alcanzando apenas 14 profesionales por cada 10, 000 personas, la cifra más baja entre los países de la Alianza del Pacífico. 

La situación es aún más compleja en regiones como Amazonas, Cajamarca y Madre de Dios, donde la disponibilidad se reduce a 6 médicos por cada 10, 000 habitantes, según datos del Colegio Médico del Perú. Esta brecha limita la cobertura efectiva y dificulta que los pacientes reciban atención en el momento que la necesitan.  

De acuerdo con información de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) en 2025, el país cuenta con apenas 1,6 médicos por cada 1, 000 habitantes, con una marcada desigualdad territorial: solo el 9,8% de los profesionales trabaja en zonas rurales. Esta distribución irregular afecta especialmente al primer nivel de atención, donde debería resolver la mayor parte de los problemas de salud. 

 

Más presupuesto, pero sin mejoras visibles 

La persistencia del déficit ocurre en un contexto en el que el gasto público en salud ha aumentado de manera sostenida en los últimos años. Sin embargo, ese incremento no siempre se ha traducido en mejoras en la capacidad de atención. 

En una reciente columna de opinión de Janice Seinfeld, presidenta de Videnza Consultores, advirtió que existe una contradicción evidente en la evolución del sistema. 

“Hay una paradoja evidente: mientras el sistema se deteriora, el presupuesto del sector se ha duplicado. Entre el 2017 y el 2026, el de EsSalud pasó de S/10, 600 millones a S/19, 000 millones, y el del sector salud de S/17, 000 millones a S/35, 000 millones. Buena parte de ese aumento se ha destinado al crecimiento de planillas, sin incorporar indicadores claros de desempeño ni mejoras sustantivas en la gestión”, escribió para El Comercio. 

El problema, por tanto, no se limita a la falta de recursos, sino a la forma en que se planifican y se gestionan, especialmente en lo relacionado con el personal.  

 

Cuando faltan médicos, el sistema se vuelve más lento 

Las consecuencias del déficit se observan con claridad en los servicios de emergencia y hospitalización. Un operativo reciente de la Contraloría General de la República, realizado en 16 hospitales del Ministerio de Salud, detectó que la falta de personal y de equipos operativos genera retrasos, hacinamiento y dificultades para atender casos urgentes.  

Durante la supervisión se constató que en algunos establecimientos los pacientes eran atendidos en pasillos y permanecían en salas de observación por más de 12 horas, lo que incrementa el riesgo en situaciones de gravedad. También se reportó ausencia de especialistas, falta de programación de médicos de retén y turnos incompletos en varias especialidades. 

Estas condiciones no solo afectan la rapidez de la atención, sino también la continuidad del tratamiento. Cuando no hay suficientes profesionales, las consultas se espacian, los controles se suspenden y el seguimiento clínico se vuelve irregular, especialmente en enfermedades crónicas. 

 

La continuidad del tratamiento, otra víctima del déficit 

La falta de recursos humanos impacta de manera directa en el manejo de pacientes que requieren controles permanentes, como quienes padecen diabetes, hipertensión, cáncer o enfermedades mentales. Sin personal suficiente, los establecimientos priorizan la urgencia sobre el seguimiento, lo que aumenta el riesgo de complicaciones. 

El decano del Colegio Médico del Perú, Pedro Riega, ha advertido que el problema no solo radica en la formación de especialistas, sino en la falta de condiciones para retenerlos en el sistema público. 

“Anualmente egresan 2, 500 especialistas, pero muchos terminan en el sector privado o emigran por falta de oportunidades en el sistema público”, declaró a Infobae. 

El especialista señaló además que es posible mejorar la presencia de médicos en regiones si se garantizan contratos estables, condiciones adecuadas de trabajo y disponibilidad de insumos, factores clave para asegurar la continuidad de la atención. 

 

Un problema estructural que exige decisiones políticas 

La discusión sobre el déficit de personal de salud vuelve a cobrar relevancia en un contexto electoral en el que el sistema sanitario enfrenta múltiples desafíos: desabastecimiento, hospitales colapsados y desigualdades en el acceso. 

Sin embargo, el propio Colegio Médico ha advertido que muchos planes de gobierno aún carecen de propuestas claras para resolver los problemas estructurales del sector, entre ellos la planificación de recursos humanos y el fortalecimiento del primer nivel de atención. 

La falta de profesionales no es problema aislado, sino una señal de un sistema que no la logrado consolidar reformas sostenidas en el tiempo. Durante años se ha avanzado en cobertura y presupuesto, pero los resultados en la experiencia real de los pacientes siguen siendo limitados. 

 

La salud no puede seguir esperando 

El déficit de personal de salud refleja una deuda histórica que el país arrastra desde hace décadas. Sin suficientes médicos, enfermeras y especialistas, cualquier intento de reforma queda incompleto, y los ciudadanos continúan enfrentando esperas prolongadas, tratamientos interrumpidos y atención desigual según el lugar donde viven. 

En el inicio de un nuevo proceso electoral, la salud debería ocupar un lugar central en la agenda pública. No basta con anuncios ni con ampliar cifras en el papel. Se requieren decisiones que transformen la gestión, planifiquen el recurso humano y garanticen que la inversión se traduzca en atención real para la población. 

El próximo gobierno tendrá que asumir que el sistema ya no admite soluciones parciales. La cobertura sin capacidad resolutiva no es suficiente, y la salud no puede seguir postergándose en el debate político. Ponerla en el centro de las reformas no es solo una promesa necesaria, sino una condición indispensable para cerrar brechas que llevan demasiado tiempo abiertas. 

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