Depresión en el Perú: una emergencia silenciosa que desafía al sistema público de salud

En el Día Mundial de la Lucha contra la Depresión, las cifras oficiales y los estudios recientes revelan una problemática que crece y pone a prueba la capacidad del Estado para prevenir, atender y acompañar a millones de peruanos. 

La depresión se ha consolidado como uno de los principales problemas de salud pública de los últimos años en nuestro país. Solo durante 2024, los establecimientos del Ministerio de Salud (MINSA) atendieron más de 256 mil casos de este trastorno en todo el Perú, de acuerdo con cifras oficiales difundidas por la institución. La mayor parte de las atenciones correspondió a mujeres, que representaron poco más del 75%, mientras que los hombres concentraron cerca del 25% de los casos. 

La afectación no se limita a un solo grupo etario. Según el MINSA, los adultos concentraron más del 41% de los casos atendidos, seguidos por los jóvenes, los adultos mayores y los adolescentes. Esta distribución muestra que la depresión atraviesa todo el ciclo de vida, con impactos diferenciados en la productividad, la convivencia familiar y la calidad de vida. 

Desde una perspectiva clínica, la psiquiatra Margarita Pinao Suárez, de la Dirección de Salud Mental del Ministerio de Salud, explicó que este trastorno va mucho más allá de la tristeza pasajera. En declaraciones difundidas por el propio ministerio, precisó que “vivir con depresión es difícil, se ven afectadas nuestras relaciones personales, familiares, de pareja, social, laboral; es que nos genera una discapacidad que es invisible para las personas; sin embargo, la persona deja de ser funcional y recibe etiquetas de ser descuidada, floja, débil y que no pone de su parte para mejorar, pero eso no es así”. 

 

Estigma y barreras para buscar ayuda 

Uno de los grandes desafíos para enfrentar la depresión en el Perú es el estigma. Según información del MINSA y del Instituto Nacional de Salud Mental (INSM), una proporción importante de personas con trastornos mentales no reconoce su condición o, aun reconociéndola, no busca atención profesional. En Lima Metropolitana y Callao, por ejemplo, cerca de una quinta parte de quienes tienen un trastorno diagnosticable no lo perciben como tal, y más de la mitad de quienes sí lo reconocen no acuden a un especialista. 

Para María Mendoza, responsable de presupuesto y sistemas de información de la Dirección de Salud Mental del Ministerio de Salud, esta brecha entre necesidad y atención está profundamente vinculada a la desinformación y a los prejuicios sociales. La funcionaria, advirtió para La República que estas barreras retrasan el diagnóstico y agravan la evolución de la enfermedad. 

A esta realidad se suma la coexistencia de la depresión con otros problemas. El MINSA ha señalado que este trastorno suele presentarse junto con ansiedad, consumo de alcohol y drogas o enfermedades crónicas como cáncer, diabetes, VIH o tuberculosis, lo que incrementa la complejidad de la atención y la demanda de servicios especializados. 


Jóvenes bajo presión 

El impacto de la depresión es especialmente visible entre los jóvenes. El II Estudio de Salud Mental en Universitarios, elaborado por la Universidad de Lima, la Universidad del Pacífico y la Pontificia Universidad Católica del Perú (2025), mostró que casi tres de cada diez estudiantes presentan síntomas severos o muy severos de depresión. El informe, difundido por Perú 21, también reveló altos niveles de ansiedad y estrés, así como cifras preocupantes de ideación suicida. 

Más de un tercio de los universitarios encuestados reconoció haber sentido que la vida no vale la pena, y una proporción significativa llegó a considerar seriamente el suicidio. El estudio también identificó factores de riesgo como la violencia psicológica, el bajo rendimiento académico y hábitos de vida poco saludables, como dormir menos de lo recomendado. 

Estos hallazgos confirman que la depresión no es solo un problema clínico, sino también social y educativo, que exige intervenciones articuladas entre el sistema de salud, el sector educación y otras instituciones públicas. 


La respuesta del sistema público 

Frente a este panorama, el Estado ha ido ampliando su red de atención. Actualmente existen más de 285 Centros de Salud Mental Comunitarios del MINSA a nivel nacional, que brindan atención ambulatoria interdisciplinaria. Estos establecimientos buscan acercar los servicios a la población -de forma gratuita o a tarifas bastante accesibles- y reducir la dependencia de los grandes hospitales. 

Desde el propio Ministerio de Salud, la directora de Salud Mental, July Caballero Peralta, insistió en la importancia de la prevención y los estilos de vida saludables. En comunicados institucionales, la funcionaria recomendó una combinación de alimentación balanceada, actividad física, descanso adecuado y fortalecimiento de los vínculos familiares y sociales como parte de la estrategia para proteger la salud mental. 

Además, el ministerio ha recordado que la Línea 113, opción 5, ofrece orientación gratuita en salud mental, y que se vienen implementando programas con el Ministerio de Educación para fortalecer las habilidades socioemocionales en colegios, según reportó RPP. 


Estándares y calidad en la atención 

En paralelo, instituciones como EsSalud, por ejemplo, han dado pasos importantes para mejorar la calidad de la atención en salud mental. En septiembre del año pasado, el Instituto de Evaluación de Tecnologías en Salud e Investigación (IETSI) aprobó la Resolución N° 000273-2025-IETSI, que establece indicadores obligatorios para la aplicación de la Guía Práctica Clínica de Depresión Leve en todos sus establecimientos. Esta medida busca estandarizar diagnósticos, asegurar el seguimiento de los pacientes y garantizar intervenciones basadas en evidencia. 

La resolución obliga a los equipos de salud a registrar diagnósticos, tratamientos y evolución clínica, lo que permitirá identificar brechas y corregir fallas en la atención. 


Un desafío que urge atender al país 

La Organización Mundial de la Salud ha advertido que más de mil millones de personas en todo el mundo viven con algún trastorno mental, y el Perú no es ajeno a esta realidad. En un contexto donde la depresión afecta la productividad, la vida familiar y el desarrollo de niños y jóvenes, el resto es doble: ampliar los servicios y, al mismo tiempo, transformar una cultura que aún castiga a quien pide ayuda. 

En este Día Mundial de la Lucha contra la Depresión, el mensaje es claro: la salud mental debe ocupar un lugar central en la agenda pública del Perú. Fortalecer la prevención, garantizar atención oportuna y reducir el estigma no solo salva vidas, sino que también construye un país más saludable, productivo y humano. 

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