Gasto de bolsillo en medicamentos, ¿qué soluciones reales puede asumir el siguiente gobierno?

El 58.8% del gasto en salud proviene directamente de los hogares y gran parte se destina a comprar medicamentos. Sin embargo, experiencias locales muestran alternativas más eficientes para reducir esta carga. 

El acceso a medicamentos sigue siendo uno de los principales factores que empujan a los hogares peruanos a gastar de su propio bolsillo. Aunque la cobertura de aseguramiento alcanzó el 90.8% en 2024 —según análisis de Moody´s Local Perú — la expansión del seguro no se tradujo en menor presión financiera para las familias. 

Entre 2008 y 2020, el gasto de bolsillo representó alrededor del 52% del financiamiento en salud y subió a 58.8% al cierre del período evaluado. En los niveles socioeconómicos C, D y E, al menos el 65% de ese monto se destinó a la compra de medicamentos. 

A su vez, un reciente informe de McKinsey & Company citado por Infobae reveló que dos de cada tres peruanos realizan pagos adicionales por fármacos no cubiertos por su seguro y que cerca del 67% destina más de S/50 mensuales a este fin.  

Frente a este escenario, en el debate político reaparecen propuestas como el control de precios o la imposición de cierta cantidad de genéricos en farmacias privadas. Sin embargo, especialistas advierten que estas medidas, por sí solas, no atacan al problema estructural del desabastecimiento ni la ineficiencia logística. 


El cuello de botella no siempre es el precio 

El documento “Recomendaciones para mejorar el sistema público de abastecimiento de medicamentos”, elaborado por expertos como César Amaro, exdirector de Digemid, reveló que el sistema público se ha enfocado en medir inventarios disponibles y no en verificar si el paciente recibe efectivamente todos los medicamentos prescritos. 

El resultado es un sistema fragmentado, con compras tardías y procesos burocráticos que generan quiebres de stock y obligan al paciente a acudir a farmacias privadas. 

En paralelo, un reciente comunicado de ComexPerú advirtió que entre 2019 y 2024 los asegurados habrían asumido más de S/26,000 millones en gastos por atenciones y medicamentos no cubiertos. 

Además, cuatro de cada diez afiliados no buscan atención cuando enferman, y muchos de quienes lo hacen terminan fuera del sistema que financian. 

La discusión, entonces, no es solo cuánto cuestan los medicamentos, sino por qué el sistema público no logra entregarlos de manera completa y oportuna. 


IBT y el modelo “Bata Blanca”: gestión integral y abastecimiento continuo 

Una experiencia positiva que suele mencionarse es la de los hospitales Alberto Barton (Callao) y Guillermo Kaelin (Villa María del Triunfo), gestionados bajo el modelo de Asociación Público-Privada “Bata Blanca” por IBT Group. 

De acuerdo con información difundida por Infobae y por la propia empresa, ambos centros —los únicos hospitales públicos de EsSalud bajo gestión integral privada— mantuvieron durante 2025 una disponibilidad de medicamentos superior al 99%. 

Ese desempeño se complementa con más de 2 millones de atenciones ambulatorias, más de medio millón de emergencias atendidas y cerca de 20 mil cirugías en el año. En satisfacción global, superaron el 90% y en servicios quirúrgicos alrededor del 94%. 

El modelo implica que el Estado conserva la propiedad y supervisión, mientras el operador privado asume la gestión clínica, logística y administrativa con metas auditables. Ambos hospitales cuentan además con acreditación de la Joint Commission International (JCI), un estándar internacional de calidad. 

La clave, según su reporte de sostenibilidad, está en protocolos que cubren todo el ciclo del medicamento: abastecimiento, almacenamiento, validación de prescripciones, trazabilidad y control de stock con sistemas automatizados que alertan sobre riesgos clínicos. 


Salog: logística que reduce quiebres y ahorra recursos 

Otra experiencia relevante es la de Salog, operador logístico de EsSalud desde 2010, también bajo esquema de APP. 

EsSalud compra los medicamentos; Salog gestiona almacenamiento, transporte y distribución para evitar quiebres de stock. Según datos difundidos por la compañía, el modelo alcanza a cerca de 5 millones de pacientes en Lima y Callao. 

Programas como Padomi Delivery llevan medicinas a más de 60 mil pacientes en sus hogares, mientras Farmacia Vecina beneficia a más de 140 mil asegurados cada mes. 

En el podcast “Facto o Floro” de ComexPerú, el CEO de Salog, Rogerio Marcondes, explicó: “el modelo que hemos implementado fue cambiar el just in case por el just in time. A partir de la información, en la receta médica, en la farmacia, en el almacén del hospital, jalamos la información y tenemos la información precisa y hacemos reposiciones más continuas y por eso tenemos el mínimo y el máximo de cada medicamento. Esto genera, según el impacto de la Universidad de Berkeley (…) son más de 100 millones de soles ahorrados por año, solo por cambiar el modelo de reposición, de planificación”. 

El enfoque apunta a planificación basada en demanda real y reposiciones frecuentes, en lugar de acumulación preventiva ineficiente. 


¿Qué debería asumir el próximo gobierno? 

Las experiencias de IBT y Salog no son recetas mágicas ni reemplazan la rectoría del Estado. Pero muestran que la gestión con indicadores claros, trazabilidad y metas de nivel de servicio pueden reducir quiebres y, por tanto, el gasto de bolsillo en la ciudadanía. 

En esa línea, el siguiente gobierno podría considerar como medidas más eficaces y sostenibles: 


-Implementar APP logísticas a nivel nacional para el MINSA y gobiernos regionales. 

-Medir la entrega completa y oportuna de medicamentos como indicador central. 

-Utilizar farmacias privadas para dispensación de fármacos públicos en pacientes crónicos. 

-Garantizar intercambio prestacional y mecanismos transparentes de pago. 


El reto no es prometer “precios más bajos de medicamentos”, sino asegurar que el paciente no tenga que pagar por fuera del sistema un tratamiento que ya debería estar cubierto. Reducir el gasto de bolsillo implica reformar la gestión, no solo regular el mercado. 

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