La salud en piloto automático: ministros que caen y pacientes que esperan

La salida del ministro de Salud, Luis Quiroz, y del presidente de EsSalud, Segundo Acho, vuelve a exponer la fragilidad del sistema sanitario. Ambas renuncias se producen en medio de cuestionamientos a la gestión del sector y del persistente desabastecimiento de medicamentos que afecta a hospitales y pacientes en todo el país.

Por estos días, el sistema de salud peruano vuelve a protagonizar una escena que se repite con demasiada frecuencia: la salida simultánea de autoridades en medio de una crisis que ya no sorprende a nadie. El ministro de Salud, Luis Quiroz, presentó su renuncia, mientras que Segundo Acho Mego dejó la presidencia ejecutiva de EsSalud. Ambas salidas ocurren en medio de cuestionamientos por la gestión del sector y por el persistente desabastecimiento de medicamentos que afecta a hospitales y pacientes en todo el país.

En apariencia, se trata de cambios administrativos. En realidad, son síntomas de un problema estructural: la salud pública peruana funciona en una permanente transición, donde las autoridades cambian más rápido que las políticas que deberían corregir los problemas de fondo.


Un sistema con demasiados timones

La salida de Acho Mego no es un hecho aislado. En los últimos cinco años, EsSalud ha tenido alrededor de diez presidentes ejecutivos, un nivel de rotación que difícilmente puede sostener una estrategia institucional consistente.

Cada nueva gestión llega con promesas de modernización, eficiencia en compras y mejora en la atención. Pero la lógica política termina imponiéndose sobre la técnica. Los cargos se vuelven piezas de negociación entre ministerios, partidos o grupos de influencia. Cuando la presión pública aumenta, la solución suele ser la misma: cambiar al funcionario. El problema es que el sistema permanece intacto.

 

La crisis de medicamentos: un problema que nadie resuelve

El detonante más reciente de esta crisis política es el desabastecimiento de medicamentos, una situación que afecta tanto a hospitales del Ministerio de Salud como a establecimientos de EsSalud. La escasez de fármacos esenciales —desde tratamientos oncológicos hasta insulina— ha sido denunciada por pacientes y especialistas durante meses.

En algunos casos, incluso medicamentos importados han terminado inutilizados por fallas en la cadena logística o por retrasos administrativos en su distribución a hospitales.

Detrás de estos episodios hay un problema que el país arrastra desde hace años: un sistema de compras fragmentado, burocrático y vulnerable a errores de planificación. Los procesos pueden tardar meses, las licitaciones se judicializan y los hospitales quedan atrapados en una cadena de decisiones que nadie controla completamente. Mientras tanto, el paciente sigue esperando.

 

Cuando el problema es estructural

La tentación política es pensar que cambiar autoridades equivale a solucionar problemas. Pero la experiencia reciente sugiere lo contrario. Cada nuevo ministro o presidente de EsSalud llega a un sistema que ya está condicionado por reglas administrativas rígidas, presupuestos limitados y una institucionalidad debilitada.

La consecuencia es una paradoja: la crisis se gestiona con medidas de emergencia, pero nunca se resuelve. 

Las colas interminables para citas médicas, los retrasos en cirugías y la falta de medicamentos no son fallas aisladas. Son la manifestación visible de un sistema que no logra coordinar a sus propios actores: ministerio, seguros, hospitales, centros de compra, proveedores y gobiernos regionales.

 

El costo invisible de la inestabilidad

Cuando la conducción del sector cambia constantemente, la planificación se vuelve imposible. Las reformas se quedan a medio camino y los equipos técnicos se reorganizan cada pocos meses.

En el papel, el Perú tiene múltiples instituciones dedicadas a garantizar el acceso a medicamentos y servicios de salud. En la práctica, esas instituciones operan con prioridades cambiantes y liderazgo inestable. El resultado es un sistema que reacciona a las crisis, pero rara vez las previene.

 

El verdadero debate pendiente

La discusión pública suele concentrarse en quién debe ocupar el cargo de ministro o quién dirigirá EsSalud. Sin embargo, la pregunta más importante es otra: qué modelo de gestión sanitaria necesita el país.

La crisis de medicamentos, las renuncias y los cambios de autoridades son apenas episodios visibles de un problema más profundo: la incapacidad del sistema para sostener políticas públicas más allá de los ciclos políticos.

Mientras ese debate no ocurra —con seriedad técnica y continuidad institucional— es probable que la escena vuelva a repetirse.


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