Salud en transición: ¿cuáles son las decisiones a corto y largo plazo que el nuevo gobierno deberá tomar?

Tras cinco años de inestabilidad institucional y niveles elevados de corrupción, especialistas coinciden en que el sistema de salud enfrenta desafíos que requieren medidas de corto plazo que generen cambios estructurales sostenidos.  

 

El próximo gobierno recibirá un sistema de salud marcado por importantes desafíos en gestión, inversión y gobernanza. En entrevista con ANACAB, César Chanamé, director de Máxime, especialista en gerencia y gobierno en salud y exviceministro del sector, indica que el punto de partida debe ser un conjunto de medidas concretas que orienten las decisiones futuras del sector. ¿Cuáles son estas? Te contamos a continuación. 

Según explica, la primera decisión debería ser una revisión exhaustiva de los procesos de compras e inversiones en el Ministerio de Salud (MINSA), EsSalud y los gobiernos regionales. «Se requiere una auditoría independiente del sistema de salud en materias de gasto, compras e inversión, dado los niveles de corrupción”, señala.  

El especialista considera que esta medida debe permitir establecer mecanismos de control y gobierno que contribuyan a recuperar la confianza y la autoridad en las instituciones sanitarias, debilitadas por los altos niveles de corrupción.  

Hospitales modernos, pero huérfanos de acompañamiento y recursos para funcionar y operar adecuadamente 

La segunda decisión identificada por César Chanamé es la puesta en operación de los nuevos hospitales construidos en los últimos años. Aunque el país ha avanzado en la modernización de la infraestructura hospitalaria y su equipamiento, la gran mayoría de estas inversiones no están generando el impacto sanitario esperado. A la fecha, 39 nuevos hospitales han ingresado a fase de operación construidos desde 2015.  

El costo actualizado de inversión de estos proyectos asciende a la importante cifra de S/ 7,780 millones, recursos de los impuestos de los peruanos que no están generando valor público e impacto sanitario por la falta de recursos para su adecuada operación y mantenimiento, advierte. 

A su juicio, el desafío para mejorar la salud de los peruanos no radica únicamente en la construcción de establecimientos, sino en poner los recursos para su funcionamiento en cantidad y oportunidad, y controlados por indicadores de resultados. Esto incluye presupuesto para mantenimiento, contratación de personal especializado —incluido el de soporte asistencial, pues solo se cree que se necesitan médicos y enfermeras— y, en tercer lugar, sistemas de información y gestión hospitalaria (HIS) que permitan monitorear y controlar el desempeño de los servicios brindados.  

Recuperar la salud pública y fortalecer la prevención  

La tercera decisión es la recuperación y fortalecimiento de las estrategias de salud pública debido al resurgimiento de enfermedades prevenibles por bajas tasas de vacunación y crisis en los programas de prevención. Chanamé advierte que indicadores vinculados a vacunación y control de enfermedades prevenibles han mostrado señales de retroceso alarmante en los últimos años. En ese contexto, considera indispensable recuperar capacidades de vigilancia epidemiológica, reforzar las campañas preventivas y garantizar el abastecimiento oportuno de vacunas e insumos esenciales. «La salud pública debe volver a ocupar un lugar central dentro de las prioridades del sector», resume.  

Reforma de gobernanza en EsSalud  

La cuarta decisión y no por eso menos esencial para el especialista, es la reforma en la gobernanza de EsSalud, institución que atiende a 1 de cada 3 peruanos —un tercio de la población­—, lo que evidencia su relevancia sanitaria.  

Chanamé refiere que la situación actual de la entidad exige una reforma profunda de su modelo de gobernanza y gestión. «Essalud es una entidad capturada políticamente, ya no es una entidad de salud centrada en el paciente, es el último que importa, se ha convertido en un botín económico”, sostiene.  

En esa línea, urge recuperar su autonomía técnica y de gestión profesional, fortalecer los mecanismos de rendición de cuentas y control, así como garantizar una gerencia institucional y técnica que no dependa del reparto político.  

También plantea que los asegurados y empleadores, quienes financian el sistema, es decir, pagan por el servicio, tengan una participación más activa en la toma de decisiones, bajo esquemas que favorezcan la transparencia y el control de la gestión.  

La propuesta apunta a consolidar modelos de gobernanza tripartita con mayor autonomía y estabilidad, eliminando la influencia de factores políticos cuando se trata de prestaciones de salud que afectan la vida y la salud.  

Inversión con enfoque de red  

Chanamé considera una quinta decisión la que consiste en reenfocar la forma en que se invierte en salud. Durante la última década, el país ha priorizado la construcción de hospitales provinciales. Sin embargo, el especialista plantea que el siguiente paso debe ser que todo proyecto de inversión en salud incluya sine qua non (condición esencial): la construcción de un hospital junto al fortalecimiento de los establecimientos de primer nivel y el financiamiento para la interoperabilidad de los servicios.  

Además, la inversión como tal no debería concluir cuando se entrega la obra, sino extenderse durante el primer año de funcionamiento para garantizar recursos que permitan que los establecimientos alcancen su nivel operativo.  

El propósito es que los hospitales funcionen articulados con sus centros de salud de menor complejidad, conformando redes capaces de resolver los problemas sanitarios de manera más eficiente.  

Gestión profesionalizada  

La sexta decisión que plantea el especialista es la profesionalización de los cargos directivos, la implementación de sistemas de evaluación de desempeño y la promoción de esquemas de colaboración público-privada en gestión y prestación. «La salud se gestiona y tiene que ser una gestión profesional y no política», afirma.  

Para ello, propone que se materialice la implementación de sistemas de información y gestión hospitalaria que decenas de hospitales nuevos ya cuentan pero que no utilizan, “echando por la borda” los millones de inversión puestos en ellos. Sólo estos sistemas permiten medir productividad, resultados sanitarios y eficiencia en el uso de recursos, generando incentivos para las buenas prácticas.  

De cara al próximo quinquenio, el reto será convertir estas propuestas en decisiones políticas. El consenso entre especialistas es que el sistema de salud necesita mucho más que nuevas infraestructuras: requiere gestión operativa, control y gobernanza, y gestión institucional profesional y no política que responda a las necesidades de millones de peruanos, poniendo al paciente en el centro de la atención.

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