El Niño 2026-2027: el desafío de anticiparse para proteger la salud de millones de peruanos

El riesgo de un Fenómeno El Niño de magnitud extraordinaria obliga al país a acelerar su preparación. Desde Hombro a Hombro advierten que las principales lecciones de 2017 y 2023 pasan por anticipar medicamentos, personal, agua segura y capacidad logística disponible. 

El Perú enfrenta nuevamente un escenario que pondrá a prueba su capacidad de prevención y respuesta. De acuerdo con el último comunicado del ENFEN, emitido el 14 de septiembre, se mantiene la alerta por El Niño Costero y el fenómeno podría continuar hasta mediados del otoño de 2027. La mayor probabilidad corresponde a una magnitud extraordinaria entre septiembre de 2026 y enero de 2027, mientras que entre febrero y marzo el escenario se ubica entre fuerte y extraordinario. 

Este escenario podría traducirse en condiciones climáticas adversas. Para septiembre-noviembre, el ENFEN prevé temperaturas del aire muy superiores a lo normal en toda la costa, con probabilidad de nuevos récords. En la costa norte se esperan precipitaciones por encima de lo normal, con posibles episodios de lluvias de moderada a fuerte intensidad desde noviembre. Para el verano de 2027, se proyectan lluvias superiores a lo habitual en la costa norte, costa central y sierra noroccidental. 

Las últimas proyecciones del SENAMHI apuntan en la misma dirección: las precipitaciones aumentarían desde noviembre y los mayores acumulados se esperan durante enero, febrero y marzo de 2027. 

La diferencia respecto de episodios anteriores es que hoy existe información que permite anticipar los posibles impactos. Para Juan Manuel Arribas, director ejecutivo de Hombro a Hombro, esa ventaja debe traducirse en acciones concretas y sin demoras.  

“En el 2023, el Estado nos llamaba para pedirnos ayuda en el momento en que ocurrió (…) hoy día tenemos tiempo para prepararnos”, señala Arribas, quien recuerda los eventos de 2017 y 2023, así como durante la pandemia. 

La premisa es sencilla: una emergencia no debería comenzar a gestionarse cuando ya se están produciendo sus consecuencias. “Lo que no puede haber es que nos demoremos en reaccionar en crisis. Tenemos que reaccionar en horas”, sostiene. 


El impacto sanitario puede ser mayor que la emergencia visible  

Cuando se piensa en El Niño, las imágenes más evidentes son las de huaicos, ríos desbordados, carreteras destruidas o viviendas inundadas. Sin embargo, existe un segundo frente de riesgo: el sanitario. 

«El tema de la salud es supremamente importante», afirma Arribas. Como referencia, recuerda lo ocurrido en 2023: «por cada fallecido por la inundación, por ahogamiento, por huaico (…) había entre 8 a 10 fallecidos por dengue».  

Más allá de la comparación planteada por el representante de Hombro a Hombro, el punto central es que una emergencia climática puede generar un impacto sanitario que se prolongue incluso después de que disminuyan las lluvias.  

Precisamente, los datos disponibles refuerzan esa preocupación. Solo hasta la semana epidemiológica 33, con fecha de corte al 22 de agosto, el Perú acumulaba 46, 669 casos de dengue y 57 fallecidos, según información del Centro Nacional de Epidemiología, Prevención y Control de Enfermedades (CDC-Minsa). Los casos representaban un incremento de 53% respecto del mismo periodo de 2025, cuando se habían registrado 30, 587 casos. Además, las 57 muertes acumuladas hasta entonces ya superaban las 49 registradas durante todo el 2025. 

La distribución territorial también evidenciaba la presión sobre determinadas regiones. Piura concentraba 8, 958 casos, seguida por San Martín, La Libertad, Lima, Lambayeque y Ucayali, de acuerdo con el reporte de esa semana epidemiológica. 

Aunque estas cifras corresponden a agosto, resultan relevantes para la preparación frente a El Niño: el sistema sanitario ingresa al periodo de mayor riesgo con una circulación de dengue que requiere reforzar la vigilancia y una capacidad de respuesta sostenidas. 

A ello se suma el riesgo de enfermedades asociadas al contacto con agua contaminada y al deterioro de las condiciones de saneamiento como la leptospirosis, que solo hasta la semana epidemiológica 31 acumulaba 8, 929 casos, 1,066 hospitalizaciones y 34 fallecidos, según datos del CDC-Minsa. 


La primera lección: adelantar la respuesta 

Para Arribas, una de las principales lecciones de los últimos eventos es que la logística no puede improvisarse. 

“Hay que adelantar stocks de materia prima, de medicinas, de ayuda humanitaria, de motores electrógenos, de bombas hidroneumáticas», plantea. 

En salud, esto implica asegurar medicamentos, dispositivos médicos, sueros, insumos para hidratación, equipos de protección y otros recursos esenciales antes de que las vías de comunicación puedan verse afectadas.  

Para Arribas, esperar a que el sistema de transporte se interrumpa para comenzar a movilizar estos productos sería un error. «Si yo pudiese tener un stock de seguridad inicial de unas 5, 000 a 10, 000 canastas familiares, las podría tener en Tumbes, Piura, Chiclayo, Talara, Sullana y todas estas zonas, y actuar muy rápido con los camiones del Ejército», ejemplifica. 

La anticipación también empieza a aplicarse en la gestión de medicamentos. En septiembre, el Minsa implementó el SISMED 2.6, una herramienta que busca incorporar información en línea sobre stocks, demanda y demanda insatisfecha para anticipar necesidades y evaluar redistribuciones entre establecimientos, localidades y regiones.  

Además, la anticipación también debe involucrar capacidad humana y operativa oportuna.  


2017 y 2023: reaccionar tarde tiene un costo 

La experiencia de Hombro a Hombro, que participa como representante del sector privado ante el Centro de Operaciones de Emergencia Nacional (COEN) y ha intervenido en desastres de gran magnitud, permite identificar otra prioridad: mejorar la gestión de las emergencias. 

«Hay un tema elemental en gestión de crisis: tiene que haber una sola autoridad, de la cual depende todo. Hay un solo vocero que pueda informar a la prensa y, a partir de esa autoridad, decantan todas las demás acciones del Estado», explica Arribas.  

A su juicio, la coordinación debe permitir que las decisiones se tomen rápidamente y que las capacidades públicas y privadas puedan integrarse sin duplicar esfuerzos. 

También considera fundamental adelantar almacenes a las zonas de mayor riesgo. “Es muy previsible que se rompan puentes, carreteras (…) entonces hay que adelantar almacenes de ayuda humanitaria para estar cerca de la zona», señala. 

Esta planificación resulta especialmente clave para salud: si una carretera queda interrumpida, no solo se dificulta el traslado de alimentos o ayuda humanitaria, también puede complicarse el abastecimiento de medicamentos, la referencia de pacientes y el desplazamiento del personal sanitario. 


Agua segura y prevención: otra prioridad sanitaria  

Las inundaciones pueden comprometer fuentes de agua, sistemas de alcantarillado y servicios básicos. Y cuando eso ocurre, aumenta la exposición a enfermedades. 

«Cuando la calidad del agua se malogra, vienen un montón de enfermedades», advierte Arribas.  

Por ello, plantea anticipar sistemas de potabilización, mecanismos de tratamiento de emergencia y recursos para garantizar agua segura, También considera necesario reforzar la educación a la población. 

«Hay campañas de educación desde ya que no se están haciendo. Ese es otro punto en el que se tiene que reforzar el trabajo del Estado», sostiene. 

La prevención debe incluir información clara sobre el tratamiento del agua, higiene, almacenamiento seguro y medidas frente a enfermedades transmitidas por vectores y por agua contaminada. 


La salud debe estar en el centro de la preparación 

El Gobierno ya viene adoptando medidas de prevención frente al escenario climático. El Ejecutivo anunció recursos para intervenir puntos críticos y fortalecer acciones frente a lluvias y sequías, mientras que el sector privado ha puesto a disposición maquinaria, motobombas, almacenes, capacidades logísticas y equipos técnicos. 

El desafío es que esta articulación también se traduzca en una respuesta sanitaria integrada. 

Para Arribas, el principio es claro: “el factor salud tiene que estar en este equipo”. Eso supone trabajar desde ahora en cinco frentes: vigilancia epidemiológica, abastecimiento de medicamentos e insumos, capacidad operativa de los establecimientos, disponibilidad de agua segura y comunicación de riesgos.  

La preparación sanitaria, además, debe considerar que un establecimiento puede tener medicamentos, pero quedar aislado; contar con personal, pero no disponer de agua; o tener capacidad de atención, pero enfrentar un incremento de pacientes que supera su capacidad instalada.  


Un sector privado preparado que complemente la respuesta 

Arribas destaca que existe una disposición importante del sector privado para colaborar. Hombro a Hombro ya viene articulando con gremios empresariales y organizaciones de diferentes sectores para organizar capacidades en salud, logística, maquinaria pesada y ayuda humanitaria.  

Sin embargo, insta —a todas aquellas empresas que quieran sumarse a los esfuerzos — que la ayuda debe canalizarse de manera ordenada. 

«Yo les ruego que, por favor, unifiquemos esfuerzos y coordinemos con la autoridad, que es la que prioriza a dónde va la ayuda. Toda ayuda es poco ante la necesidad y eso es fundamental», resalta. 

La coordinación permitiría evitar que diferentes organizaciones lleguen al mismo lugar mientras otras permanecen desatendidas. El sector privado puede complementar las capacidades del Estado, pero la planificación y priorización deben mantenerse coordinadas siempre con las autoridades responsables de la emergencia. 


Prepararse hoy para proteger vidas 

El escenario previsto para los próximos meses todavía ofrece una oportunidad para prepararnos ante los meses de mayor impacto. El propio ENFEN recomienda a los tomadores de decisiones considerar los escenarios de riesgo actualizados y adoptar medidas de reducción del riesgo y preparación para la respuesta ante la temporada de lluvias, prevista entre septiembre del presente año y abril de 2027. 

Para el sistema de salud, anticiparse significa mucho más que contar con medicamentos. Significa garantizar que los establecimientos puedan seguir funcionando, que exista personal disponible, que los pacientes puedan ser trasladados, que las enfermedades sean detectadas oportunamente y que las familias tengan acceso a agua segura e información confiable. 

Después de las lecciones de 2017 y 2023, el desafío es convertir esa experiencia en preparación concreta.  

Como resume Arribas, la prioridad frente a una emergencia debe ser una sola: “salvar vidas”.  


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